Ética del legislador

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No es una sorpresa para el común de los ciudadanos encontrarse con representantes políticos y autoridades de distinto nivel que exceden sus atribuciones, desnudando su verdadero ser, mostrando la esencia de lo que son en vez de obedecer a la naturaleza de su investidura que ostentan gracias a la confianza que los votantes depositaron en sus personas.

En este sentido, se ha constatado la pasada semana, el extremo de irrespeto que tienen nuestros asambleístas al momento de llevar adelante un acto de fiscalización, me refiero a la interpelación del ministro de gobierno, el cual giraba en torno a preguntas específicas y que fueron convertidas en circo político. De este modo, antes de responder calmada y puntualmente a las cuestionantes planteadas, como un energúmeno vociferó e increpó los ánimos de opositores que no sabiendo articular argumentos para desvirtuar acusaciones o malinterpretaciones cayeron en el vaivén de increpaciones, pero no en la dignidad de su cargo.

Hay que tomar en cuenta que un legislador no es un servidor público cualquiera, sino más bien una persona que se halla en condición de depositaria de la confianza de sus conciudadanos, mismos que asisten impávidos a la vieja usanza de hacer las cosas en Bolivia, más si se trata de política. Y es que no sorprende que representantes nacionales olviden su investidura y den rienda suelta a sus bajas pasiones queriendo justificarse después, creyendo que pedir disculpas limpiará la mancillada ética de los legisladores, del oficialismo y de oposición que tienen una corresponsabilidad por no estar a la altura de las circunstancias.   

En palabras del escritor español Baltasar Gracián y Morales (Siglo XVII) cuando se refería a la conducta del hombre hecho héroe, afirmaba que el despejo debería acompañar sus acciones, entonces ¿qué es el despejo? Deberá ser entendida como “alma de toda prenda, vida de toda perfección, gallardía de las acciones, gracia de las palabras y hechizo de todo buen gusto, lisonjea la inteligencia y extraña la aplicación… es un realce de los mismos realces y es una belleza formal…” Más allá de la dulce prosa, cabe señalar que nuestros legisladores no son ni serán ángeles, no obstante, el ciudadano espera que aspiren a ser los salvadores de la alicaída nación, procurando construir la Bolivia que necesitamos en vez de recriminar el pasado reciente como una búsqueda de culpables de nuestros propios errores históricos.

Lo que sí, nuestros asambleístas no se acercan a la gallardía de acción ni a las gráciles palabras que demuestran pertinencia e inteligencia, se aproximan más a la reacción de golpear primero y pedir disculpas después. Es por ello que la ética no acompaña a nuestra Asamblea Legislativa Plurinacional, ni en las comisiones creadas para defender principios de conducta y de la democracia ni en el proceder cotidiano de sus miembros.

¿Qué hacer ante este escenario? Dos consejos si me lo permiten: 1) No crea en conspiraciones de uno u otro lado, que buscan confundir al menos incauto y en sí generan más alejamiento de temas relevantes, como por ejemplo ¿qué hace un ministro de gobierno acusando a legisladores y gritando a diestra y siniestra en vez de procurar seguridad para la población boliviana? o ¿qué utilidad tiene seguir con la cantaleta de si fue golpe o fue fraude sin tener la posibilidad de probar uno o lo otro? ¿No debería discutirse de cara a la ciudadanía proyectos de ley como el de servicios digitales, o el que aborda la devolución de las AFP’s? 2) Intente informarse sobre el funcionamiento de la Asamblea Legislativa Plurinacional, a través de sus páginas web, de su rendición pública de cuentas – que debe realizarse dos veces al año – de las peticiones de informe escritos (PIE’s) o Interpelaciones propuestas, sobre todo acercarse a sus reglamentos de cámaras, que acercan al ciudadano a una realidad aparentemente institucionalizada, pero que ha caído en el círculo vicioso de repetirse históricamente en riñas y gritos que no conducen sino al hartazgo. Volviendo al notable escritor Baltasar Gracián: “…el despejo constituye primero a un general señor de sí, y después, de todo”; reafirmando que debemos conocernos primero, conquistarnos primero, ser señores de nosotros mismos, antes de querer guiar o señalar caminos a seguir. Y es que la ética es una acción y no solo una palabra, saque usted las conclusiones estimado lector.          

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