La vacuidad de los webinarios

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Ante la inminente llegada de la crisis situacional de enfrentar a una pandemia internacional, muchos eventos, encuentros y tertulias pasaron a segundo o tercer orden, sin que ello quiera decir que no haya surgido una ola propositiva de llevarlos adelante a pesar de las circunstancias, es así que surge a través de un neologismo una alternativa a seguir con los compromisos sociales, sobre todo académicos, me refiero a los webinarios, también denominados conferencias en línea; los cuales posicionan a bienintencionados profesionales, formadores de opinión, influencers o en definitiva advenedizos con aspiraciones de fama, a convertirse en la redención del quehacer cotidiano en tiempos críticos.

No obstante, la mayoría de ellos carece de sustancia, de contenido real que llegue a proponer un real debate de ideas o de posiciones útiles en este incierto momento que atravesamos como sociedad, tanto es así, que incluso se llega a ofrecer cursos de modelaje o tocar instrumentos a través de una de estas conferencias en línea. No es que se critique la inventiva de quienes se promocionan a través de plataformas como google meet, zoom, teams, jitsi o cualquier otra; lo que se cuestiona es la retórica rimbombante de varios de estos webinarios que generan más confusión que claridad, en medio de la situación emergente por el COVID-19.

Las iniciativas reales y efectivas suelen estar menos promocionadas, pero contienen propuesta, no autopromoción improvisada, me refiero a propuestas filosóficas, lectura de libros clásicos, problemas dilemáticos en torno a temas atemporales como la muerte, el sentido de la vida, las funciones del poder en nuestra vida, entre tantos otros. La pregunta es ¿por qué somos más sensibles a lo fútil y nos dejamos llevar por la ola mayoritaria que termina siendo pérdida de tiempo antes que utilidad práctica?

Una tentativa respuesta se halla vinculada a la escasa cultura que poseemos o consumimos cotidianamente, siendo la entretención el principal motivo para el uso del internet y no así el ánimo de formación que suele acompañar a los espíritus inquietos. Ahora que la educación “se virtualizó”, se crea la apariencia de que todos asistimos a formarnos online, cuando lo real suele estar más cerca de “simplemente conectarse” para decir que estuvimos en una situación pedagógica, antes que impregnarnos con la interacción continua con la curiosidad como requisito para establecer algún avance significativo en cuanto a conocimiento se refiere.

Sin embargo, hay un elemento más que debe señalarse, la oportunidad de ejecutar un temario constructivo en cuanto provechoso en nuestro medio suele estar ralentizado por la efectividad que se procura a la hora de “enganchar” a un público que siente insípido el acercarse a alguna plataforma para intentar aprender algo. En ese sentido, el elemento clave es la voluntad sumada a la perseverancia como desarrollo de una personalidad innatamente alejada de los retos, ello implica que por más que el seminario o conferencia en línea parezca provechoso, éste no será asimilado como tal, y si por alguna extraña razón algún conciudadano ingresa o se inscribe a tal, la falta de virtuosismo educativo lo limita a ser espectador y no protagonista de esta nueva versión de la realidad. Al respecto, cabe recordar al novelista, ensayista y premio nobel argelino Albert Camus, quien afirmaba que: “en la profundidad del invierno, aprendí que en mi interior hay un verano invencible”. Palabras por demás notables a la hora de enfrentar la adversidad emergente de la crisis sanitaria actual, que debe sacar lo mejor de nosotros sin que sucumbamos ante lo inexorable. En sencillo: el contenido lo ponemos nosotros, no lo rutilante del arte o poster mediático que anuncie tal o cual webinario.

 

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