Rodrigo Paz y la trampa de la indecisión: Maquiavelo en el Estado de excepción boliviano
Hace más de cinco siglos, Nicolás Maquiavelo escribió en El Príncipe una sentencia que todo gobernante debería leer antes de asumir el poder: “Los romanos nunca permitieron que un conflicto persistiera para evitar una guerra, porque sabían que la guerra no puede evitarse, solo aplazarse para ventaja del adversario.” Rodrigo Paz Pereira, presidente de Bolivia, parece no haberla leído —o haberla leído y elegido igualmente la irresolución como estrategia de gobierno. El estado de excepción en Bolivia que Rodrigo Paz se negó a declarar muestra con claridad el precio de esa indecisión.
Bolivia en crisis: semanas de parálisis y bloqueos
Bolivia lleva semanas paralizada. Más de medio centenar de puntos de bloqueo en seis departamentos, tres muertos —entre ellos un ciudadano beliceño que no pudo recibir atención médica a tiempo—, escasez de combustible y alimentos en varias regiones, y un gobierno que tardó semanas en definir si activaría o no el artículo 137 de la Constitución Política del Estado. La respuesta oficial, cuando llegó, fue un non bis in idem institucional: ni estado de excepción, ni solución política clara, ni rendición de cuentas.
Rodrigo Paz y la irresolución: el estado de excepción que nunca llegó
El gobierno de Paz enfrenta lo que el analista político Iván Pinto denominó una “crisis de régimen”, no solo una crisis de gestión. El síntoma más grave de esa crisis profunda es la irresolución sistemática: la incapacidad de tomar decisiones costosas en el momento en que deben tomarse. El príncipe indeciso no es prudente: es simplemente un gobernante que cede terreno mientras delibera.
El estado de excepción y la Ley 1341: ¿excusa o herramienta?
El gobierno ha esgrimido la Ley 1341 —Ley Eva Copa, promulgada en julio de 2020— como si fuera el obstáculo real para no activar el artículo 137. Esa norma añadió candados: aprobación legislativa por mayoría absoluta, facultad parlamentaria para modificar o revocar el estado de excepción, y otros requisitos procedimentales. El argumento oficial convirtió una dificultad política en una imposibilidad jurídica, y esa conversión es exactamente el tipo de evasión que Maquiavelo diagnosticó como fatal para los príncipes débiles.
Maquiavelo dedicó capítulos enteros de El Príncipe al peligro mortal de la irresolución. En el capítulo XXV escribió que “es mejor ser impetuoso que cauto, porque la fortuna es mujer, y si quieres dominarla, debes forzarla”. Quien gobierna debe actuar, no esperar que los problemas se resuelvan por inercia. El príncipe indeciso no es un estadista prudente; es un gobernante que abdica su responsabilidad mientras cede terreno al adversario político día a día.
Quien gobierna debe actuar, no esperar que los problemas se resuelvan por inercia. El príncipe indeciso no es un estadista prudente; es un gobernante que abdica su responsabilidad mientras cede terreno al adversario político día a día.
Cuando la indecisión tiene precio: lecciones de la historia
La historia está llena de líderes que pagaron un precio enorme por no actuar a tiempo. Alejandro Kérenski, al frente del Gobierno Provisional ruso en 1917, tuvo semanas para consolidar su autoridad frente a los bolcheviques y no lo hizo; Lenin llenó el vacío con decisión implacable en octubre.
Luis XVI, ante el avance de la Revolución Francesa, no supo cuándo ceder ni cuándo resistir, oscilando entre la concesión y la huida, terminando en la guillotina por indecisión crónica en ambas direcciones. Neville Chamberlain creyó en 1938 que la paciencia y la concesión desactivarían a Hitler; la historia lo juzgó como el arquetipo del líder que confundió la demora con la diplomacia. Bolivia 2026 no necesita repetir esos errores.
La Constitución prevalece: el artículo 137 CPE como respuesta jurídica
El artículo 410 de la CPE establece que la Constitución es la norma suprema del ordenamiento jurídico y que todas las demás le están subordinadas. Una ley ordinaria no puede limitar lo que la norma suprema otorga al Ejecutivo. Si la Ley 1341 restringía el artículo 137 CPE, el problema era su propia inconstitucionalidad, no un obstáculo insalvable. El gobierno tenía la herramienta jurídica; careció de la voluntad política para usarla.
¿Puede Rodrigo Paz revertir la crisis?
Rodrigo Paz puede aún revertir esta dinámica, pero el margen se estrecha cada hora que pasa sin una decisión firme y visible. Bolivia está en el punto exacto de inflexión que Maquiavelo describió hace cinco siglos con una lucidez que todavía asombra: quien detecta el mal tarde, pierde no solo la batalla, sino la legitimidad para seguir gobernando. El príncipe indeciso no cae de una sola vez; se erosiona gradualmente, hasta que un día la ciudadanía —o la historia— ya no lo reconoce como gobernante. La pregunta no es si Paz puede decidir. La pregunta es si todavía quiere hacerlo.






